lunes, 26 de enero de 2015

EL PUEBLO NO SE MANDA, SE ORGANIZA



La organización, es el escenario de construcción colectiva en donde nosotros como sujetos críticos y transformadores de la realidad, realizamos el sueño de la emancipación. Pero también es el espacio donde como seres humanos nos cualificamos, y no solo de manera académica, sino que esté se convierte en un espacio de reflexión que nos ayuda a cambiar nuestros errores, y a vernos como en un espejo que puede reflejarnos tal y como somos. La organización es la máxima muestra de unidad, y no solo pragmática, sino que hace que el sujeto se reconozca en un grupo con necesidades y problemáticas, de donde emerge el ánimo de juntar fuerzas por un fin colectivo. Sin duda, se trata de sujetos que pasan necesidades y que al reconocerse, son capaces de luchar y sobreponerse a ellas, para que demás personas puedan ver la realidad y se rebelen a ella; por eso, la organización más que razón es amor, amor por las personas, por el cambio y la transformación, es un sentimiento por una utopía que no está presente actualmente, pero que se sabe en nuestro interior que va a llegar, convirtiéndose en parte fundamental del sujeto organizado.

La organización está entre la gente, y tiene que estarlo; una organización que se piense que está por encima del pueblo es simplemente el reflejo de la individualidad puesta como palabra colectiva. Es el amor de las personas hacia la lucha lo que convierte a la organización en el cómo, porque es en ella donde la masa puede expresarse, puede hablar libremente y dar su opinión frente a lo que vive. La organización es para la gente de barrio, de a pie, de a caballo, para el campesino y el obrero, para el trabajador y el desempleado, para el estudiante y el analfabeta, para toda persona que se considere en pie de lucha. Es el pueblo quien direcciona el cambio, y la organización debe ser la herramienta para alcanzar ese anhelo.

Es lamentable cuando una organización se crece por encima de la masa, cuando no se escucha la sabiduría del pueblo, que no es sabio por sus estudios, sino por su experiencia y su necesidad. Es triste cuando se confunde la espontaneidad de la gente con caprichos momentáneos, ¡El PUEBLO NO TIENE CAPRICHOS! El pueblo es consciente y sabe para dónde va. Desanima ver como se pierde el rumbo, y en busca de soluciones, se deforma el proceso y el sentir del pueblo, se confunde la dirigencia con el mandato, cuando el mandato lo da la gente. Es por eso que la organización tiene que nacer de la espontaneidad de la masa, porque es ella quien la construye, y no al contrario como parece a veces. No se puede subestimar una organización o una acción por su manera autónoma o coyuntural de nacer, sino que gracias a esto es que vive y se genera más organización. Es necesario que nuestra convicción sea firme en el ideal, más que a la organización, ya que está puede ser viciada y corrompida por intereses mezquinos, pero el ideal no puede viciarse jamás.


“QUE QUEDE CLARO, QUE ES EL PUEBLO QUIEN DIRECCIONA Y LA ORGANIZACIÓN QUIEN ACCIONA EL MANDATO POPULAR”



Oscar Carvajal (Colectivo Raya Roja)
Carol Tovar (Colectivo Grito Histórico)

martes, 19 de agosto de 2014

LOS VICIOS, EL ENEMIGO DE LA TRANSFORMACIÓN


Es muy común ver cómo las transformaciones y los caminos para llegar a ellas se pierden en vicios que terminan desplazando a ese objetivo inicial, dejan los encuentros de ser críticos para convertirse en simple palabrería no aterrizada a la realidad. Es en esos momentos en que sale a flote la pregunta ¿Por qué?, ¿por qué las cosas se pierden de un momento para otro?, ¿por qué las personas que antes parecían enamoradas de una idea, de un objetivo lo dejan o simplemente se derrumba ante sus ojos?

Tal vez por la incapacidad que tienen las personas de aceptar sus errores no admiten que parte de esa culpa se debe a sus vicios, no solo a los vicios físicos, tan bien a las “mañas”, por así decirlo, que afectan a todos y que lastimosamente son las más aprendidas y las más seguidas. No quiero decir con esto que un sujeto que busca una trasformación deja de ser imperfecto, pero el hecho de buscar esa transformación debe hacerlo consciente de sus errores y esa conciencia debe hacerlo capaz de transformarse a sí mismo.

Reconocerse en una idea no es solo seguirla en el momento que es conveniente, es ejemplificar ese actuar, no es seguir a el sujeto que mejor la expone, es reconocer que esa idea se generó por un análisis, por un estudio y que sin conocer la teoría no se puede hablar de práctica, y sin la práctica de teoría.

Muchas de las personas que llevan años en ese proceso de transformación aún tienen los vicios que tenían en sus inicios y son incapaces de reconocerlos y más incapaces de cambiarlos. Es el deber de las nuevas generaciones no replicar esos vicios, analizarse no solo como seguidor de una idea o ideal, también como ejemplo de que esa idea es real y de que son capaces de lograr esas transformaciones.

Hay momentos propicios para cometer errores, para tener vicios y también los hay para analizarlos y cambiarlos, momentos en que el militante pasa a ser dirigente y da ejemplo de revolución.


“Hay que ser enérgico con el error, pero comprensivo
Con los que se equivocan.”

Carol Tovar
(Colectivo Grito Histórico)

jueves, 31 de julio de 2014

Unidad, camino seguro para triunfar.

“Es preciso rescatar para el presente y para el futuro la vigencia viva del pensamiento político de don Simón Bolívar. En su filosofía y en su doctrina existe amplio espectro para encontrar solución a los problemas diarios epidémicos y endémicos de estos países hispanoamericanos. Quienes después de su parábola vital  engañaron a los pueblo escamoteando la verdadera doctrina bolivariana para sembrar exótica planta constitucional en nuestras naciones, son culpables de la suerte desgraciada de estos países americanos” (Bolívar Vive. Velasco, 1984)

Y es precisamente rescatando el pensamiento del libertador, que hay que rescatar un principio fundamental de éste, que es la Unidad, esa bella palabra que en la política tiene que retomar vigencia pura, tiene que constituir principio y bandera de la lucha y la reivindicación de las masas pobres de américa latina. La unidad, defendida con principios, puede construir los caminos para el cambio en las masas, puede llegar a hacernos fuertes para derrotar las fuerzas malignas que controlan el poder de nuestro continente. Desconocer este principio básico para el mundo moderno es contradecir la lucha misma por un sistema justo e incluyente, es igual a no hacer nada, y solo los enemigos de la paz le apuestan a la fragmentación para ver derrotado al pueblo.

Y es que somos hijos de un pasado fragmentado, de una oligarquía que ha logrado separarnos como hermanos y hermanas, como compatriotas que vivimos sumergidos en el sistema impuesto por ellos, pero también es tarea de nosotros luchar para que ese principio tenga validez y no se corrompa ni se pierda en el camino de la revolución. Bolívar sabía que la unidad es la fuerza para vencer en la lucha contra el opresor, y que así como ellos se unen para derrotar los intereses de las mayorías, si nosotros nos unimos podemos vencer al opresor y de forma definitiva.

Todo inicia desde nuestra propia colectividad, de cómo muchas veces nos engañan intereses individuales en vez de propender por lo colectivo, de cómo frente a los problemas y discusiones preferimos alejarnos, pero no somos capaces de dar las discusiones dentro de la colectividad, para llegar a conclusiones que de seguro servirán más que la fragmentación. Somos tan tercos frente a las diferencias, somos tan débiles frente a los problemas, y no asumimos las discusiones para solventarlas, que preferimos alejarnos y fragmentar la colectividad. Es que lo que nos une, más que lo ideológico, es simplemente nuestro origen y nuestras metas, “somos los de abajo y vamos por los de arriba” dice una canción, y en ese sentido tenemos que ser los de abajo unidos contra los de arriba, porque nuestra lucha no puede ser entre nosotros mismos, porque perderíamos por completo nuestra senda hacia el cambio y la transformación.

Pero la unidad no es simplemente generar colectividades aparte, dispersas unas de otras, sino va más allá. Tenemos que ser capaces de construir desde nuestras diferencias, y no apostarle a un sectarismo burgués que para lo único que sirve es para debilitarnos. Ante todo la unidad compañeros, porque eso nos convertirá en vencedores. Pero tampoco una unidad sin bases, una unidad desorgánica, todo lo contrario, nuestra muestra de unidad es de procesos organizados, críticos y propositivos, con un fin claro y preciso, y con unas consignas comunes y constructivas.

Hago un llamado a la unidad del pueblo colombiano, latinoamericano, porque como lo creía el che, martí, bolívar, camilo torres, y muchos otros, nuestra patria tiene que ser el continente, y la unidad tiene que nacer desde esté para combatir al imperialismo que nos llega de afuera para jodernos a todos por igual. La patria grande no es utopía, sino que se construye día a día, fortaleciéndonos desde nuestro entorno. Comprendamos que la solidaridad entre los pueblos es el gesto más hermoso que se puede generar en nosotros como sujetos. La lucha no es solo de un territorio, sino de una clase oprimida frente al montaje capitalista que han impuesto las clases dominantes.

Construyamos desde las bases, sembremos semillas de unidad, de fraternidad, comprendámonos como semejantes, contribuyamos a que cesen los partidos y que la unión nos acoja como hermanos.

“General, vuestra patria no ha muerto mientras exista vuestra espada; con ella volveréis a rescatarla del dominio de los opresores” le dice Camilo Torres Tenorio al libertador en el congreso granadino después de encontrarse derrotado. Y es deber de nosotros empuñar su espada bajo la consigna de la unidad.

Oscar Carvajal.

Grito Histórico